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Sociedad Ahora Rusia

Agafia Lýkova, creyente ermitaña de la lejana taiga rusa.

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Este año, Agafia Lýkova, ha cumplido 80 añosUna mujer cuya historia hace decenas de años conmovió la sociedad rusa, practicante de una rama de la Iglesia ortodoxa rusa que en su momento fue calificada como hereje
Siglos después, los llamados “viejos creyentes” fueron perseguidos por las autoridades soviéticas y miles de ellos decidieron dar la vuelta al mundo y exiliarse en tierras latinoamericanas. Mientras muchos encontraron la paz en Uruguay, Bolivia y Brasil, la mayoría de sus compatriotas buscaban refugio en el suelo natal, adentrándose a zonas más remotas de Siberia para poder profesar su fe, trabajar, rezar y servir a Dios.

La historia de Agafia y su familia

La vida de Agafia Lýkova es increíble, parece salir de las páginas de una novela clásica y no puede calificarse de fácil ni de placentera. Desde su nacimiento el 17 de abril de 1944 hasta el día de hoy, la eremita ha vivido muy lejos de la llamada civilización, en un recóndito lugar de la taiga siberiana (N de la R: bosque boreal ruso), cerca del río Erinat.

Capturas de Google Maps

Todos los miembros de su familia eran “viejos creyentes” — cristianos rusos que se negaron a seguir las reglas establecidas por la nueva reforma litúrgica desarrollada a mediados del siglo XVII por el patriarca Nikon —. Tomar la decisión del aislamiento voluntario no es nada raro para este grupo religioso.

Según documentos fechados en 1917, en los que se menciona por primera vez la familia Lýkov (1), estos provienen de una aldea pequeña cerca de Abakán, capital de la república rusa de Jakasia (al sur de Siberia). En aquel entonces, los “viejos creyentes” — que venían sufriendo persecuciones desde el cismo en la Iglesia ortodoxa rusa causado por la reforma nikoniana — atravesaron un momento realmente duro para toda la comunidad. 

Agafia Lýkova y su padre, Karp Lýkov

La abuela paterna de Agafia, monja de un monasterio de viejos creyentes en el pueblo Yalutórskoye (a unos 80 km de la actual ciudad de Tiumén), solía recordar a los suyos la terrible ejecución a la que se había sometido en el siglo XVIII un grupo de sacerdotes cismáticos que intentaban esconderse en esa zona boscosa. La anciana contaba que los había hallado una patrulla militar y, al no conseguir que renunciaran a su fe, los metieron en un barril lleno de clavos y los arrojaron montaña abajo. Así, los Lýkov consideraban una amenaza todo lo que tuviera que ver con el mundo exterior, de modo que optaron por la vida eremítica.

Los primeros en partir a la remota región de Altái fueron el padre de Agafia, Karp Ósipovich Lýkov, y sus hermanos. Allí Karp conoció a su futura esposa Akulina. Juntos tuvieron cuatro hijos: Savín (1926), Natalia (1936), Dimitri (1940) y Agafia (1944).

¿Cómo vivían los Lýkov en la taiga?

Desde la infancia, Agafia Lýkova no había oído hablar ni de avances tecnológicos ni de los desarrollos de la era moderna. En el hogar desde chica era la responsable de la ropa, habiendo aprendido tejer y coser perfectamente. La familia mantenía su propia granja y se alimentaba de tubérculos, bayas y granos. 
El clima de la taiga es duro y en los tiempos difíciles la hambruna se llevó a la madre Akulina. A pesar de todas sus penurias, los Lýkov nunca tuvieron dudas sobre la fe y ni siquiera los sucesos más trágicos les hicieron renunciar a sus creencias y su estilo de vida, tal como lo afirma Agafia.

En 1978, cuando un grupo de personas — geólogos o tal vez cazadores — encontró la solitaria cabaña de madera perdida en el bosqueDesde entonces, las visitas al hogar se hacían de manera periódica para abastecer a la familia de comida y prestarle toda la ayuda posible
Así llegó la desgracia, a pesar de las buenas intenciones de los visitantes tales encuentros eran peligrosos para la salud y el bienestar de los ermitaños. Al vivir aislados, no estaban en contacto con bacterias y virus, como la gente que vive en ciudades o poblados, que desarrolla mecanismos de defensa frente a las infecciones. Por eso, para los Lýkov, un simple resfriado o un virus común traído del exterior podía resultar mortal.

El primero de los hermanos que perdió la vida a causa de un posible contagio en octubre de 1981 fue Dmitri. Le siguió Savín, quien murió tres meses después de su hermano menor. Al pasar tan solo 10 días, la enfermedad se llevó también a Natalia.

Foto: Víctor Nepómniashchi, Director de la reserva natural estatal de la Biosfera de Jakasia (Rusia).

Solo Agafia se salvó de la plaga que había acabado con sus seres queridos. Al cabo de 7 años, cuando falleció su padre, la mujer se quedó absolutamente sola. Agafia lo amaba mucho y su muerte la dejó profundamente conmovida. Hasta el día de hoy, la ermitaña visita la tumba de Karp marcada con una cruz de madera que se encuentra muy cerca de la casa.

Foto: Víctor Nepómniashchi, Director de la reserva natural estatal de la Biosfera de Jakasia (Rusia).

Agafia Lýkova: ¿Cómo vive la ermitaña hoy en día?

Los vecinos junto con las autoridades locales han asumido la responsabilidad de cuidar de la mujer. Le han proporcionado comunicación con el mundo exterior y asistencia médica en caso de que sea necesario. Los voluntarios que cada tanto la visitan, le han regalado un perrito y suelen llevarle alimentos. 
A pesar de su avanzada edad su salud no corre peligro por ahora, según los exámenes médicos. Agafia es una mujer enérgica que además goza de una excelente memoria. 
De los artefactos modernos, la ermitaña solo dispone de un termómetro y un reloj. Está acostumbrada a su vida de asceta y se niega a abandonar la cabaña. La religiosa sigue leyendo oraciones, lleva la casa por su propia cuenta y se mantiene lúcida.

No obstante, Lýkova tiene algunos parientes lejanos y se comunica con ellos por correspondencia. Las cartas se las hace llegar a Agafia la tripulación del helicóptero que le lleva comestibles y medicamentos. Tras cada intento de abandonar la cabaña, la anacoreta acababa regresando a su hogar solitario. Al fallecer su querido padre, Agafia trató de vivir con sus parientes. Además, después de recibir la tonsura monástica, pasó algún tiempo en un convento de viejos creyentes. La vida en la civilización le resultaba fastidiosa, por lo que prefirió quedarse por siempre en la casa familiar. 

Agafia era la menor de la familia y no veía niños, solamente a sus hermanos mayores. En una entrevista, sus familiares contaron que mientras estuvo brevemente con ellos, se sorprendió gratamente al ver a un niño y les preguntó: “¿Quién es este humano tan pequeño?”.
A pesar de que le encantaban los niños, en lugar de ser madre y esposa, se hizo monja y no volvió a buscar ningún contacto con el mundo exterior.

Foto: Víctor Nepómniashchi, Director de la reserva natural estatal de la Biosfera de Jakasia (Rusia).

¿Se puede visitar a Agafia Lýkova?

Nadie puede acudir a la vivienda de la ermitaña sin un buen motivo. Los médicos han prohibido visitar a Agafia sin una autorización especial. Cada día que pasa, se encuentra más débil y vulnerable, mientras las bacterias y virus siguen siendo una amenaza real para su salud. 
En 2019, los activistas intentaron encontrarle a una ayudante doméstica, pero no lo consiguieron. Las condiciones de vida en la taiga son tan duras que no hubo nadie dispuesto a encargarse de esa tarea.

Visita del Metropolitano 

En invierno de 2021, el Metropolitano de Moscú y toda Rusia de la Iglesia de los Viejos Creyentes, Kornill, estuvo en la casa de Agafia y la consagró.

(1) Nota de los traductoresLa mayoría de los apellidos rusos tienen variantes masculina y femenina. Para hombres, las terminaciones más extendidas son -in, -ov, a las que les corresponden sus análogos femeninos que terminan en -ina y -ova, respectivamente.

Documental de RT

Parte 1

Parte 2


Selección de material, redacción y traducción:
Club de estudiantes “Latidos Unidos” de la Universidad Estatal de Moscú de Relaciones Internacionales (MGIMO

Fuentes:

  1. https://www.pravmir.ru/agafya-lykova/
  2. https://ruvera.ru/data/img/content/1391541556.5592lykova-28.jpg
  3. https://ruvera.ru/data/img/content/1404121813.2074Karp-Lykov-and-his-daughter-Agafia.jpg
  4. https://www.pravmir.ru/agafya-lykova/
  5. https://www.pravmir.ru/wp-content/uploads/2020/08/6-768×432-1.jpg
  6. https://www.pravmir.ru/wp-content/uploads/2020/08/11-768×512-1.jpg
  7. https://ruvera.ru/data/img/content/1391541938.8386lykova-33.jpg
  8. https://ruvera.ru/data/img/content/1404122875.7229lykova_knigi.jpg

Video: actualidad.rt.com

Ahora Rusia

El 6 de junio se celebra el Día de la Lengua Rusa

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El 6 de junio se celebra el Día de la Lengua Rusa para resaltar uno de los idiomas más importantes del planeta, así como para preservar, apoyar y seguir desarrollando este idioma como un tesoro nacional del pueblo ruso, un medio de comunicación internacional y una parte integral del patrimonio cultural y espiritual de la civilización mundial.

La fecha coincide con el natalicio del ilustre poeta, novelista y dramaturgo Alexandr Pushkin, considerado como el creador del idioma ruso contemporáneo. El ruso es una de las lenguas más populares del mundo. Lo hablan unos 146 millones de ciudadanos de la Federación de Rusia y 109 millones de personas en el extranjero. Además, es el idioma oficial o de trabajo en diversos organismos internacionales: las Naciones Unidas, la Organización de Cooperación de Shanghái, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la Comunidad de Estados Independientes, la Unión Económica Euroasiática, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y otras.

Es difícil sobrestimar el papel de la lengua rusa como medio de comunicación interétnica e internacional. En la actualidad, más de 250 millones de habitantes del planeta dominan este idioma. <…> El uso generalizado de la lengua rusa, la historia común y los amplios vínculos económicos e interhumanos crean una base sólida para fortalecer la integración en el espacio euroasiático. <…> La celebración del Día de la Lengua Rusa contribuirá al desarrollo de la cooperación humanitaria internacional, al mantenimiento de un clima de amistad y confianza entre los pueblos, explica el Canciller Serguéi Lavrov.

@Bricslat.

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Sociedad Ahora Rusia

¿Pago con oro o pagarés? El Fascinante Mundo del intercambio comercial y divisas en la Rusia Imperial.

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¿Cuánto efectivo necesita hoy en día una persona promedio? En las urbes modernas, el efectivo parece ser cosa del pasado. Desde cafeterías hasta buses, la posibilidad de pagar con sistemas de pago electrónico, tarjetas de débito o bancaria es omnipresente. Sin embargo, ¿cómo era el escenario de las transacciones, compras en restaurantes, tiendas y cambio de divisas en la época del Imperio Ruso? Examinamos el tema con el periodista Andréi Aksiónov, autor del podcast «La decadencia del Imperio».

Parece increíble, pero en la Rusia prerrevolucionaria (1) prescindir del efectivo era una posibilidad real. Para disfrutar de una vida cómoda, por supuesto, uno podía llevar consigo una cantidad de dinero, pero no era imprescindible, ya que a menudo se pasaba todo el día sin necesitarlo siquiera.

Había varias razones, entre las cuales destacaba la conveniencia de adquirir productos a crédito en diversos establecimientos. En el entorno urbano, los comerciantes locales, vendedores, verduleros, lecheros y taberneros establecen relaciones personales con los residentes, ofreciendo la posibilidad de adquirir alimentos a crédito con la condición de pago al finalizar el mes. En realidad, dinero en efectivo se limitaba principalmente a pagar a los carreteros o el tranvía, para almorzar en un restaurante desconocido, hacer compras ocasionales.

Además, en la Rusia de aquella época, los campesinos tampoco necesitaban dinero en efectivo en gran medida debido a la prevalencia de un sistema de intercambio y crédito arraigado en las comunidades localesLos comerciantes rurales solían recibir pagos una vez al año, tras la venta de la cosecha. Todos llevaban una vida tranquila y predecible, comerciando de buena fe con sus conocidos. Incluso el almacenero o tendero vecino podría sentirse ofendido si se le sugiriera pagar de inmediato, ya que estas transacciones solían realizarse solo antes de emprender uno un viaje prolongado.

¿Y lo de tener necesidad de comprar algo extraordinario, por ejemplo, joyas de regalo o coser un traje a medida? A la lista de gastos mayores también se pueden agregar las pérdidas derivadas de juegos de azar. Para tales circunstancias, cualquier ciudadano con cierto nivel de recursos solía disponer de una cuenta bancaria o de un talonario de cheques. En el cheque se especificaba a quién se dirigía y la cantidad exacta de dinero que debía ser transferida. Con ese talón, cada individuo tenía el derecho de acudir a un banco y retirar de su cuenta la cantidad especificada de dinero en efectivo, siempre y cuando hubiera fondos suficientes depositados en ella. 

Además de los cheques, muchas personas también recurrían al uso de pagarés. Las letras de cambio se utilizaban para diversas transacciones, como el pago de alquileres de apartamentos, la liquidación de deudas y la compra de grandes cantidades de mercancías. En esencia, una letra de cambio es similar a un cheque, pero pero se caracteriza por estar siempre fechada. Mientras que un cheque puede ser presentado en el banco en cualquier momento para recibir el dinero de inmediato, con un pagaré, el pago solo se realizará después de cierto periodo de tiempo: la fecha de vencimiento estipulada en la letra de cambio. Este proceso era conocido como «descontar un pagaré». Si surgía la necesidad urgente de dinero, era posible anticipar el descuento de un pagaré, pero conllevaba una pérdida de un porcentaje determinado. 

León Tolstoi. Retrato de Ilya Repin, 1887, reproducción www.globallookpress.com

El famoso escritor ruso León Tolstói describió en una carta sus desventuras:

«Un día, en un momento de broma, hice una apuesta insignificante y perdí. Luego, volví a intentarlo y nuevamente fui derrotado. La suerte no estaba de mi lado; la pasión por el juego se apoderó de mí y en tan solo dos días perdí todo mi dinero, incluidos los 250 rublos de plata que me había dado Nikólenka, además de otros 500 rublos de plata por los cuales otorgué un pagaré con vencimiento en enero de 1852».

Si alguien se enfrentaba a una gran compra, como la adquisición de un apartamento o un local comercial, seguramente le resultaba difícil reunir suficiente dinero, ya sea en su cuenta bancaria o en efectivo. Por lo tanto la gente pagaba con todos los recursos disponibles, llevando un montón de papeles: emitían cheques y pagarés, transferían acciones y bonos del estado.

La prosperidad y el consumo venían aumentando cada década así como el numero de productos y servicios: la gente viajaba con más frecuencia, se abrían escuelas y universidades privadas, surgían dispositivos como gramófonos y cámaras fotográficas, así como nuevas formas de entretenimiento como el cine y la bicicleta. Sin embargo, la cantidad de billetes en circulación no experimentaba un crecimiento proporcional. Eso se debía, por supuesto, al sistema del patrón oroDesde 1897 en Rusia, un rublo correspondía inmutablemente a la misma cantidad de oro. De esta misma manera estaba organizado el sistema financiero de cualquier país desarrollado. 

Todo súbdito del imperio podía pasar por un departamento del Banco del Estado y cambiar su tarjeta de crédito (así se llamaban entonces los billetes) por oro al peso correspondiente. Sin embargo, la mayoría de la gente no solía hacerlo, dado que los billetes eran mucho más fáciles y convenientes de manejar en comparación con las monedas de oro. La moneda de oro ocupaba aproximadamente una cuarta parte de todo el efectivo en circulación.
Para el Estado, por otro lado, resulta más beneficioso almacenar oro en sus propias cámaras acorazadas y emitir billetes para el uso de la ciudadanía. La economía del Imperio Ruso se consideraba muy sólida y la política económica, extremadamente conservadora.

En Rusia, se determinó que la cantidad de oro en reservas siempre debía coincidir con la cantidad de papel moneda en circulación, lo que resultó en una verdadera escasez de dinero en el país. Mientras que los ciudadanos comunes generalmente ignoraban estas políticas, los negocios afrontaban una escasez de rublos. Los vendedores, naturalmente, no preferían las letras de cambio ni los cheques, ya que implicaban llevar los documentos al banco y descubrir que la cuenta del comprador estaba vacía. Lo más seguro sería realizar el pago en efectivo, sin embargo, en muchas ocasiones, la cantidad de dinero en efectivo disponible no resultaba suficiente para cubrir todas las necesidades financieras.

Entonces, el tipo de cambio de las monedas nacionales no era una preocupación para nadie: permanecía absolutamente constante a lo largo del tiempo y no experimentaba cambios durante muchos años. Por lo tanto, obtener beneficios de las diferencias entre los tipos de cambio en el mercado de valores resultaba imposible. Además, cada moneda nacional respaldada por oro rápidamente se convertía en libremente convertible, mientras que a la Federación Rusa le llevó 15 años lograr este estatus para su moneda.


Durante los viajes al extranjero, la gente, especialmente aquellos con recursos económicos, también disfrutaba de una experiencia sin complicaciones. Sólo hacía falta llevar fondos necesarios en oro y simplemente cambiarlos por moneda local en cualquier banco, lo que facilitaba enormemente las transacciones financieras durante los viajes. Si la estancia en el extranjero iba a ser prolongada o se preveían gastos considerables, entonces, por supuesto, resultaba más conveniente enviar la suma necesaria a través de una transferencia interbancaria.
Los bancos se comunicaban a través de telégrafo, por lo que bastaba con acudir a una sucursal local del banco para recibir el dinero enviado.


Otro destacado escritor ruso, Antón Chéjov, escribió a su hermana:

«Dentro de un tiempo <…> devuélveme 1000 francos por transferencia mediante el mismo Credit Lionnais pero esta vez no por telégrafo. Toma un cheque o una letra de cambio y envíamelo en una carta certificada. Me conocen aquí en Credit Lionnais y si sacan el pagaré del sobre, al ladrón no le pagarán dinero». 

Antón Chehóv en 1902

La realidad de aquellos tiempos, con el tipo de cambio fijado y la inflación mínima, le parecía a la gente absolutamente normal. Nadie podía siquiera imaginar que la vida pudiera estar organizada de otro modo. La confianza en el sistema económico fue tan indestructible, que a nadie se le ocurrió sacar el dinero de las cuentas y convertir efectivo en oro durante la crisis internacional en verano de 1914. Dos días antes del estallido de la guerra, esa oportunidad desapareció: Rusia, al igual que todos los demás países, canceló el cambio libre de billetes por oro.

Durante la Primera Guerra Mundial, además de todos los horrores de la guerra, la gente afrontó la realidad inexplorada: todos los estados empezaron a emitir dinero sin preocuparse por su cobertura. Los ahorros se depreciaban ante los ojos de las personas, y no había nada que se pudiera hacer al respecto. La prolongada época de la seguridad absoluta de dinero y de la inflación ínfima se acabó empezando un nuevo siglo.

Notas de la Redacción de Bricslat
1 – Previo a la revolución bolchevique de 1917 que condujeron al derrocamiento del régimen zarista imperial.


Selección de material, redacción y traducción:
Club de estudiantes “Latidos Unidos” de la Universidad Estatal de Moscú de Relaciones Internacionales (MGIMO

Fuentes:

  1. https://snob.ru/history/oplata-zolotom-ili-po-vekselyu-kak-zhiteli-carskoj-rossii-rasplachivalis-za-tovary-i-pokupali-valyutu/
  2. https://0d314c86-f76b-45cc-874e-45816116a667.selcdn.net/03ac4102-458d-4598-93d8-8b37104f0e29.jpg
  3. https://0d314c86-f76b-45cc-874e-45816116a667.selcdn.net/6964163a-4ac5-4e50-9842-1d6421b19bc4.jpg
  4. www.globallookpress.com
  5. https://cdnn21.img.ria.ru/images/16012/70/160127064_0:0:360:538_600x0_80_0_1_c186d602dd1cb4c68708cf5d35329ed1.jpg.webp

@BricsLat

/Fuente de imagen: BricsLat

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¿Pago en oro o con letra de cambio? El Fascinante Mundo del intercambio comercial y divisas en la Rusia Imperial

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¿Cuánto efectivo necesita hoy en día una persona promedio? En las urbes modernas, el efectivo parece ser cosa del pasado. Desde cafeterías hasta minibuses, la posibilidad de pagar con tarjeta bancaria es omnipresente. Sin embargo, ¿Cómo era el escenario de las transacciones, compras en restaurantes, tiendas y cambio de divisas en la época del Imperio Ruso? Examinamos el tema con el periodista Andréi Aksiónov, autor del podcast “La decadencia del Imperio”.

Parece increíble, pero en la Rusia prerevolucionaria prescindir del efectivo era una posibilidad real. Para disfrutar de una vida cómoda, por supuesto, uno podía llevar consigo una cantidad de dinero, pero no era imprescindible ya que a menudo se pasaba todo el día sin necesitarlo siquiera.

Había varias razones, entre las cuales destacaba la conveniencia de adquirir productos a crédito en diversos establecimientos. En el entorno urbano, los comerciantes locales como tenderos, vendedores asalariados, verduleros, lecheros y taberneros establecen relaciones personales con los residentes, ofreciendo la posibilidad de adquirir alimentos a crédito con la condición de pago al finalizar el mes. En realidad, el dinero en efectivo se limitaba principalmente a pagar a los carreteros o el tranvía, para almorzar en un restaurante desconocido o hacer compras ocasionales.

Además, en la Rusia de aquella época, los campesinos tampoco necesitaban dinero en efectivo en gran medida debido a la prevalencia de un sistema de intercambio y crédito arraigado en las comunidades locales. Los comerciantes rurales solían recibir pagos una vez al año, tras la venta de la cosecha. Todos llevaban una vida tranquila y predecible, comerciando de buena fe con sus conocidos. Incluso el tendero vecino podría sentirse ofendido si se le sugiriera pagar de inmediato, ya que estas transacciones solían realizarse solo antes de emprender un viaje prolongado.

¿Y a la hora de comprar algo extraordinario, por ejemplo, joyas de regalo o coser un traje a medida? A la lista de gastos mayores también se pueden agregar las pérdidas derivadas de juegos de azar. Para tales circunstancias, cualquier ciudadano con cierto nivel de recursos solía disponer de una cuenta bancaria o de un talonario de cheques. En el cheque se especificaba a quién se dirigía y la cantidad exacta de dinero que debía ser transferida. Con ese talón, cada individuo tenía el derecho de acudir a un banco y retirar de su cuenta la cantidad detallada de dinero en efectivo, siempre y cuando hubiera fondos suficientes depositados en ella.

Además de los cheques, muchas personas también recurrían al uso de pagarés. Las letras de cambio se utilizaban para diversas transacciones, como el pago de alquileres de apartamentos, la liquidación de deudas y la compra de grandes cantidades de mercancías. En esencia, una letra de cambio es similar a un cheque, pero se caracteriza por estar siempre fechada. Mientras que un cheque puede ser presentado en el banco en cualquier momento para recibir el dinero de inmediato, con un pagaré, el pago solo se realizará después de cierto periodo de tiempo: la fecha de vencimiento estipulada en la letra de cambio. Este proceso era conocido como “descontar un pagaré”. Si surgía la necesidad imperiosa de dinero, era posible anticipar el descuento de un pagaré, pero conllevaba una pérdida de un porcentaje determinado.

El famoso escritor ruso León Tolstói describió en una carta sus desventuras:

Un día, en un momento de broma, hice una apuesta insignificante y perdí. Luego, volví a intentarlo y nuevamente fui derrotado. La suerte no estaba de mi lado; la pasión por el juego se apoderó de mí y en tan solo dos días perdí todo mi dinero, incluidos los 250 rublos de plata que me había dado Nikólenka, además de otros 500 rublos de plata por los cuales otorgué un pagaré con vencimiento en enero de 1852″.

Si alguien se enfrentaba a una gran compra, como la adquisición de un apartamento o un local comercial, seguramente le resultaba difícil reunir suficiente dinero, ya sea en su cuenta bancaria o en efectivo. Por lo tanto la gente pagaba con todos los recursos disponibles, llevando un montón de papeles: emitían cheques y pagarés, transferían acciones y bonos del estado.

La prosperidad y el consumo venían aumentando cada década así como el numero de productos y servicios: la gente viajaba con más frecuencia, se abrían escuelas y universidades privadas, surgían dispositivos como gramófonos y cámaras fotográficas, así como nuevas formas de entretenimiento como el cine y la bicicleta. Sin embargo, la cantidad de billetes en circulación no experimentaba un crecimiento proporcional. Eso se debía, por supuesto, al sistema del patrón oro. Desde 1897 en Rusia, un rublo correspondía inmutablemente a la misma cantidad de oro. De esta misma manera estaba organizado el sistema financiero de cualquier país desarrollado.

Todo súbdito del imperio podía pasar por un departamento del Banco del Estado y cambiar su tarjeta de crédito (así se llamaban entonces los billetes) por oro al peso correspondiente. Sin embargo, la mayoría de la gente no solía hacerlo, dado que los billetes eran mucho más fáciles y convenientes de manejar en comparación con las monedas de oro. La moneda de oro ocupaba aproximadamente una cuarta parte de todo el efectivo en circulación. Para el Estado, por otro lado, resulta más beneficioso almacenar oro en sus propias cámaras acorazadas y emitir billetes para el uso de la ciudadanía. La economía del Imperio Ruso se consideraba muy sólida y la política económica, extremadamente conservadora.

En Rusia, se determinó que la cantidad de oro en reservas siempre debía coincidir con la cantidad de papel moneda en circulación, lo que resultó una verdadera escasez de dinero en el país. Mientras que los ciudadanos comunes generalmente ignoraban estas políticas, los negocios afrontaban una escasez de rublos. Los vendedores, naturalmente, no preferían las letras de cambio ni los cheques, ya que implicaban llevar los documentos al banco y descubrir que la cuenta del comprador estaba vacía. Lo más seguro sería realizar el pago en efectivo, sin embargo, en muchas ocasiones, la cantidad de dinero en efectivo disponible no resultaba suficiente para cubrir todas las necesidades financieras.

Entonces, el tipo de cambio de las monedas nacionales no era una preocupación para nadie: permanecía absolutamente constante a lo largo del tiempo y no experimentaba cambios durante muchos años. Por lo tanto, obtener beneficios de las diferencias entre los tipos de cambio en el mercado de valores resultaba imposible. Además, cada moneda nacional respaldada por oro rápidamente se convertía en libremente convertible, mientras que a la Federación Rusa le llevó 15 años lograr este estatus para su moneda.

Durante los viajes al extranjero, la gente, especialmente aquellos con recursos económicos, también disfrutaba de una experiencia sin complicaciones. Sólo hacía falta llevar fondos necesarios en oro y simplemente cambiarlos por moneda local en cualquier banco, lo que facilitaba  las transacciones financieras durante los viajes. Si la estancia en el extranjero iba a ser prolongada o se preveían gastos considerables, entonces, por supuesto, resultaba más conveniente enviar la suma necesaria a través de una transferencia interbancaria. Los bancos se comunicaban a través de telégrafo, por lo que bastaba con acudir a una sucursal local del banco para recibir el dinero enviado.

Otro destacado escritor ruso, Antón Chéjov, escribió a su hermana:

Antón Chehóv en 1902

“Dentro de un tiempo <…> devuélveme 1000 francos por transferencia mediante el mismo Credit Lionnais pero esta vez no por telégrafo. Toma un cheque o una letra de cambio y envíamelo en una carta certificada. Me conocen aquí en Credit Lionnais y si sacan el pagaré del sobre, al ladrón no le pagarán dinero”.

La realidad de aquellos tiempos, con el tipo de cambio fijado y la inflación mínima, le parecía a la gente absolutamente normal. Nadie podía siquiera imaginar que la vida pudiera estar organizada de otro modo. La confianza en el sistema económico fue tan indestructible, que a nadie se le ocurrió sacar el dinero de las cuentas y convertir efectivo en oro durante la crisis internacional en verano de 1914. Dos días antes del estallido de la guerra, esa oportunidad desapareció: Rusia, al igual que todos los demás países, canceló el cambio libre de billetes por oro.

Durante la Primera Guerra Mundial, además de todos los horrores de la guerra, la gente afrontó la realidad inexplorada: todos los estados empezaron a emitir dinero sin preocuparse por su cobertura. Los ahorros se depreciaban ante los ojos de las personas, y no había nada que se pudiera hacer al respecto. La prolongada época de la seguridad absoluta de dinero y de la inflación ínfima se acabó empezando un nuevo siglo.

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